Las 12 cosas que más me gustan de estar casada
Ya sea matrimonio, convivencia o como quieran llamarlo, elegir una pareja para toda la vida no es tarea sencilla. Hay veces en las que “toda la vida” termina siendo equivalente a un par de años, meses o semanas. En mi caso, por ahora, seguimos adelante con miles de proyectos en mente. Algunos más concretos y otros simples sueños, pero todos ellos hacen que sigamos con la mirada en el futuro, en la historia que no dejamos de construir desde que nos conocimos.
Estar soltera, casada o divorciada tiene sus ventajas y desventajas. Y no hay nada mejor que encontrar todo lo bueno del estado en el que estamos, ¿no?
- Las noches. Saber que me voy a encontrar con la persona que más me contiene en el universo y que con un abrazo voy a poder estar en paz.
- Despertar compartiendo la cama, esa sensación de enfrentar el día acompañada en el corazón por la persona que elijo en cada momento.
- Proyectar hacia el infinito y más allá, cambiar los planes en el aire, volver a empezar, saber dónde voy a envejecer tomada de su mano.
- Mirar hacia atrás y ver todo lo que construimos, desde dónde partimos y hacia dónde vamos, admirar el camino, las piedras y los puentes, todo eso que nos trajo hasta hoy.
- Vivir una relación que crece, que muta, que se adapta a nuestros cambios personales, que se completa con nuestros hijos, los amigos y la familia y todo lo que hace que nuestro espíritu se fortalezca.
- Los mimos del amor verdadero, esos que se reflejan en dejar domir un rato más, ir a comprar el pan, llevar un café a la cama o quizás apagar el aire para que yo no tenga frío (aunque él muera de calor).
- Poder ser sincera conmigo porque puedo ser yo siempre y eso hace que me conozca, que me encuentre, que no tenga que actuar ni disimular.
- Decidir en conjunto lo que nos trae el futuro, desde un plan de fin de semana, pasando por la cortina del living y hasta el colegio de los chicos.
- La independencia y el acompañamiento en simultáneo, poder ayudarnos a brillar, poder estar al lado, ni adelante, ni atrás, en pareja, como un equipo que se ama.
- Ponerme linda para salir con mi marido más que para cualquier otra cita, solo porque sí y aunque la noche romántica sea en el living de la casa.
- Sentirte amada y poder amar con libertad, con pasión, con paciencia, con orgullo, con alegría, con todo lo bueno que me genera mi media naranja.
- Las peleas, esa sal en el matrimonio que siempre están y que ayudan a descargar, a encontrarse, a poner los pies en la tierra para seguir caminando, con la certeza de que ese malentendido, esa discusión, está dentro de algo mucho más grande: el amor verdadero.
Y la lista sigue y sigue, pero esas otras cosas ya me las guardo para mí, porque cada pareja es un mundo, ¿no? Me gusta estar casada y más me gusta que sea un matrimonio real, sin tantas flores, joyas o regalos exóticos. Una vida compartida, que empezó de a dos para llegar a ser muchos muchos más.

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